Crecimos viendo caer las persianas, 
bares cerrados, promesas gastadas.
Curramos duro por sueldos de risa,
nos llaman vagos desde la cornisa.


Nos dijeron “estudia, que todo mejora”,
pero el futuro se fue sin demora.
Alquileres altos, contratos de un mes, 
la vida en pausa y el reloj al revés.

 

No nos mires por encima del hombro, 
somos la voz que nace del escombro.

 

Somos hijos del escombro, 
de la cuenca y del barrio.
No es pereza, es cansancio 
de remar contra el agravio.
No pedimos milagros, 
solo pan y dignidad.
Si no alzamos la voz hoy, 
mañana no queda na’.

 

Padres doblados, manos de hierro, 
sacaron carbón, sacaron el pueblo.
Ahora los olvidan en discursos vacíos, 
pero su sudor sigue aquí metido.


Políticos gritando desde su pantalla, 
dividiendo al pobre mientras todo falla.
Banderas limpias, conciencias sucias,
la patria no se vende, se cuida y se lucha.

 

No queremos su guerra ni su circo barato, 
queremos trabajo, respeto y un plato.


Somos hijos del escombro,
de la cuenca y del barrio.
No es pereza, es cansancio 
de remar contra el agravio.
No pedimos milagros, 
solo pan y dignidad.
Si no alzamos la voz hoy, 
mañana no queda na’.


No somos números.
No somos titulares.
Somos pueblos enteros
que se niegan a olvidar.

 

Somos hijos del escombro, 
aunque nos quieran borrar.
De la mina a la calle
nadie nos va a callar.
No es rabia sin sentido, 
es memoria y es verdad.


Desde abajo se construye
lo que arriba quieren tapar.


Seguimos aquí,  
con la voz rota pero en pie.
Seguimos aquí, 
y no nos vamos a esconder.

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