Volvimos del silencio,
del bar cerrado y la persiana rota,
con las manos negras de historia
y la garganta llena de derrota.
Nos dieron por perdidos,
por viejos ecos en un altavoz,
pero el ruido nunca muere
si late fuerte el corazón.


Entre ruinas aprendimos a aguantar,
a respirar carbón y no callar,
si el suelo tiembla es que algo vuelve a empezar.


Porque renacemos del escombro,
del polvo y la mina sin luz,
somos fuego bajo los pueblos
que nadie quiso escuchar.
Renacemos, joder, renacemos,
con cicatrices como himnos de guerra,
si quedaba una voz en la tierra
era esta… y va a gritar.


Vimos marchar a los nuestros
con maletas llenas de adiós,
promesas rotas en las cunetas
y futuro en modo avión.
Pero el tiempo no pudo
con lo que se canta de verdad,
cuando una guitarra suena
el olvido empieza a sangrar.


No nos compraron el alma ni la fe,
no pudieron enterrarnos de pie,
si hay escombros… hay cimientos también.


Porque renacemos del escombro,
de la herrumbre y la soledad,
somos voz de las cuencas
que se negaron a cerrar.
Renacemos, joder, renacemos,
sin permiso ni padrón,
si este pueblo aún respira
es por ruido y corazón.


Que se entere el que manda desde lejos,
no somos números ni un recuerdo viejo,
somos sudor, somos pan, somos bar,
somos canciones que no van a callar.


Renacemos del escombro,
con el orgullo como religión,
si nos quitan todo…
nos queda el rock and roll.
Renacemos, renacemos,
desde el fondo hasta el sol,
porque nunca estuvo muerto
lo que se hizo con razón

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